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¿Qué pretende Turquía?

Jueves 11 de febrero de 2010

Luego de la decisión que tomó la Corte Constitucional de Armenia, la dirigencia turca no ha cesado de declarar su desacuerdo en base a las observaciones realizadas por dicho poder, denunciando que con esta decisión Armenia lo único que logra es retrasar y poner en peligro el proceso para el restablecimiento de relaciones entre ambos Estados, afectando el objetivo fundamental de los documentos.

Desde que se delineó la denominada Hoja de Ruta para restaurar las relaciones entre las Repúblicas de Armenia y Turquía, pareciera que todo avanzó repentinamente y las novedades tomaron por sorpresa a la Diáspora armenia e incluso a los armenios ciudadanos del Estado de Armenia.

Evidentemente todo este proceso que nos avasalló por la rapidez con la que transcurrieron los hechos, generó en un principio desencuentros entre Armenia y su Diáspora, incluso dentro de las mismas comunidades armenias compuestas por diferentes instituciones. Sin embargo, ese mismo tiempo que nos arrasó, dejando las puertas abiertas a la posibilidad de poner en juego la Causa Armenia, el Reconocimiento del Genocidio Armenio, la defensa de la República de Artsaj, es el que hoy nos muestra que la mayoría del pueblo armenio rechazó rotundamente estos protocolos que pretenden enterrar una lucha digna e histórica por la reivindicación de los derechos de nuestro milenario pueblo.

Hasta el momento, Armenia demuestra a la comunidad internacional que está respetando el proceso, llevó los protocolos a consulta a su Tribunal Constitucional, el cual realizando algunas observaciones , los declaró legales para que luego se lleve a cabo el debate y tratamiento en la Asamblea Nacional. A pesar de estos avances, Turquía denuncia permanentemente las supuestas intenciones de Armenia de imponer condiciones en los documentos, las cuales según el punto de vista de la diplomacia turca, no hacen más que infringir directamente sobre el espíritu y objetivo primordial de los mismos.

No resulta paradójico ni contradictorio el accionar de Ankara, porque desde un principio estos protocolos fueron negociados con precondiciones impuestas unilateralmente por Turquía. Los mismos, son una mutación del permanente y sistemático negacionismo practicado hacia la Nación Armenia y su genocidio. Son estas razones por las cuales la diplomacia turca, con fuerte dominio en la prensa internacional, declara y vocifera que Armenia por medio de las aclaraciones de su Corte Constitucional, intenta sumar condiciones no establecidas a priori en el proceso de negociación. Pero claro está, que estas observaciones son recomendaciones de una institución de un sistema político democrático que brega por los intereses y seguridad nacional de su Estado, ante la inobservancia del Poder Ejecutivo a la hora de ratificarlos tal como fueron redactados.

Si bien, lo ideal hubiese sido que los protocolos se declaren anticonstitucionales por la Corte, es necesario hacer hincapié sobre las observaciones que se realizaron para que la Asamblea Nacional las tome imperativamente y realice las modificaciones pertinentes en los documentos.

Ante esta situación, el presidente Serj Sarkissian por medio de un mensaje solicitó a su par turco que demuestre determinación y se avance en el compromiso asumido por medio de los protocolos: “Ha llegado la hora de manifestar una decisión, de dar un gran paso adelante y de dejar como legado a las generaciones venideras una región estable y segura”, expresó. Frente a esta solicitud el Ministro de Asuntos Exteriores de Turquía respondió que Armenia, no fue constructiva con la decisión que tomó su Tribunal Constitucional y que sólo se avanzaría en la continuación del proceso si “Armenia se retracta de su posición no constructiva”.

En el mismo contexto, Davutoglu lamentó la decisión del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Estados Unidos de votar sobre la resolución del Genocidio Armenio pendiente en el Congreso y consideró que la medida conformaría un gran obstáculo en la normalización de las relaciones.

Obviamente, el proceso de negociación inaugurado con la Diplomacia del fútbol en 2008, se dirige hacia el cumplimiento de objetivos e intereses planteados por las potencias del escenario internacional interesadas en poner fin inmediato a la disputa existente entre Turquía y Armenia para lograr estabilidad y proyectar metas económicas bajo la prominencia de la “moderna República” de Turquía en la región. Puede plantearse entonces bajo estas condiciones, que por la asimetría de poder existente entre Armenia y Turquía, tal vez claro estaba el reducido margen de maniobra de Erevan para evitar la presión de los jugadores más importantes del escenario internacional, arriesgándolo todo a cambio de nada, adquiriendo el riesgo desmedido de entregar la lucha de su pueblo que habita fuera de la Madre Patria, desconsiderando el futuro desarrollo económico y político de sus ciudadanos habitantes de la Madre Patria y dejando desaventurado, al interés de Azerbaidján y Turquía, el porvenir de la joven República de Artsaj.

Este juego desmedido y arriesgado para Armenia, fue posible y considerado por su actual dirigencia política. Sin embargo, no se hicieron esperar los reclamos realizados desde la Diáspora, quien considera que los protocolos armenio-turcos no son la solución de la Causa Armenia. Asimismo, la oposición política en la Madre Patria llamó la atención, reclamó e insistió en la negatividad de las negociaciones planteadas tal como fueron redactadas en los documentos. Los ciudadanos armenios salieron a las calles para hacer escuchar sus gritos negativos hacia la ratificación y constitucionalidad de los protocolos y finalmente el mandatario Krabaghí declaró innegociable la independencia de Karabagh.

Frente a este gran movimiento del pueblo armenio, por cuidar sus intereses y derechos, se hicieron escuchar voces en desacuerdo hacia su propio interior. Aunque ya no caben dudas que la mayoría tomó conciencia del devenir poco venturoso de la nación Armenia para el progreso de sus generaciones futuras, si estos protocolos se aceptan como lo pretende el Estado turco.

Entonces es ahora cuando debemos pensar más estrategias que nos permitan bregar por la unidad nacional. La Diáspora Armenia, en su conjunto debe desarrollar políticas que deriven en el acercamiento con los hermanos de la Madre Patria, puede ser que nuestras prioridades sean distintas, pero nuestros intereses para el crecimiento y la dignidad de Armenia son los mismos.

A pesar de los meses oscuros recorridos hasta aquí, de los malos augurios que nos han traído los protocolos armenio-turcos, nuestra lucha continúa y gracias a la permanente labor de descendientes comprometidos con sus antepasados y su Patria, continúan existiendo “screamers” que nos ayudan a gritar más alto hacia a la comunidad internacional y bregar por nuestros derechos.

Sabemos que este camino, tan difícil de andar, nos hace ver nuestros sólidos frutos cada vez que se intente llevar el reconocimiento del Genocidio Armenio al Congreso de los Estados Unidos. Cada vez que una compañía de seguros o un banco termine compensando a las víctimas del genocidio o a sus herederos. Cada vez que logremos que la Unión Europea reconsidere el ingreso de Turquía por no haber reconocido el genocidio. Cada vez que diferentes intelectuales, políticos y periodistas mantengan en su discurso y reconozcan que en esta larga historia no debe triunfar el más fuerte sino simplemente LA VERDAD!


Fuentes:

Diario Armenia

Periódico Digital Asbarez

Armenian Life Magazine

Periódico Digital abc.es

Agencia Rusa de Información Novosti




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