Jueves 17 de septiembre de 2009
Por Vartán Oskanian
Estamos ante una encrucijada en nuestra historia. Tenemos en mano el primer documento bilateral que la República independiente y soberana de Armenia intenta firmar con la República de Turquía. Este es un proceso sin precedentes, de largo alcance e irreversible. Pero, el debate sobre este tema va en el sentido equivocado. Es por demás insultante que oficiales de alto rango estén desdeñando y trivializando un tema que es crítico para nuestro pueblo. No tiene ningún sentido decirnos que lo que vemos no es lo que tenemos. No es razonable que nos den una serie de precisiones y luego defiendan una interpretación incongruente, aunque deseable. No es así como trabajan los documentos políticos. Hasta es posible escribir de manera flexible y en términos generales para permitir que ambas partes interpreten las cosas de manera diferente. Pero no es el caso de este documento. Este documento, por supuesto bien intencionado, ha sido formulado de manera incorrecta.
Cuando la parte armenia dice que a pesar de que el protocolo especifica el reconocimiento de las fronteras actuales, eso no significa que hemos renunciado a nuestras fronteras pasadas, eso es un absurdo. Esto puede hacer que los turcos digan, por ejemplo, que a pesar de que hay una referencia a la apertura de fronteras, eso no significa que los armenios necesariamente, reciban visas. O cuando la parte armenia dice que la fórmula sobre el examen de documentos y archivos históricos, a cargo de las Subcomisiones, no significa que estudiaremos el genocidio, esto es lo mismo que cuando la parte armenia dice que va a abrir la frontera, pero no en Margara sino en un espacio de diez metros entre el 40º de latitud y 45º de longitud. Nuevamente esto es un absurdo. La realidad es que una idea buena, una política necesaria, un paso necesario hacia la aproximación, ha sido negociado de manera pobre y armado de manera peligrosa. Forzar a nuestro pueblo a efectuar semejantes elecciones sobre nuestro pasado y nuestro futuro, es una irresponsabilidad de nuestro gobierno. La historia de nuestras relaciones (y ausencia de ellas) con Turquía tiene una prehistoria y comienza antes de que Turquía cerrara sus fronteras con Armenia en 1993. Después de reconocer a Armenia como república independiente en 1991, Turquía impuso dos claras condiciones para establecer relaciones diplomáticas: Armenia debía renunciar a los reclamos territoriales a Turquía y debía olvidarse del proceso de reconocimiento del genocidio. (La última propuesta de conformar una comisión histórica es la modificación de esta última condición). En 1993, con la frontera cerrada en apoyo de su hermana Azerbaiján, Turquía agregó una nueva condición a las dos ya existentes: que Armenia renunciara a la lucha para la seguridad y autodeterminación de Nagorno-Karabagh para darle una solución favorable a Azerbaiján. Olvidar esta historia previa, esperar que la olvidemos, o lo que es peor, pretender que Turquía la ha olvidado, no es serio. En el contexto de las políticas consistentes de Turquía sobre temas territoriales, el reconocimiento del genocidio y las concesiones sobre Karabagh, se debe resolver mediante un debate público lo sustancial de este protocolo: qué da a los armenios y qué cede. Aun firmado, estos protocolos solo nos hablan de la voluntad de Turquía de establecer relaciones diplomáticas y abrir las fronteras. Esto último sólo será realidad después de que el parlamento lo ratifique. Pero, lo ratifique o no, Turquía habrá recibido lo que quería. Una vez firmado, este protocolo le da a Turquía la oportunidad de mostrarle al mundo que los armenios, de hecho, han renunciado a los reclamos territoriales y que también están dispuestos a ofrecer el estudio bilateral del genocidio. De allí que no habrá terceros involucrados y se dará el reconocimiento o la condena. Por haber trabajado por la normalización de relaciones tanto con Turquía como con Azerbaiján, nada me gustaría más que ver dichos acuerdos, sabiendo que se darán mediante difíciles concesiones. Las negociaciones sobre estas concesiones, sin embargo, no deben poner en peligro nuestra seguridad futura ni violar nuestra integridad y valores. Podemos y debemos .como dice el Protocolo- .implementar un diálogo de dimensión histórica. con .el propósito de restaurar la confianza mutua. Pero el camino para hacerlo no es realizando .Un examen científico imparcial de los documentos históricos. como si todos los otros análisis realizados hasta el momento no hubieran sido imparciales o científicos. En negociaciones anteriores, focalizamos nuestra atención en formar una comisión intergubernamental con el objeto de superar las consecuencias de nuestro pasado trágico. En este punto tan delicado, es posible utilizar otra formula alternativa, más digna. Podemos y debemos, como el Protocolo dice, .respetar y asegurar el respeto por los principios de igualdad, soberanía, no intervención en los asuntos internos de otros Estados, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras. El centro de la integridad territorial es la fórmula internacional que protege las preocupaciones sobre las fronteras, mientras no disminuya el derecho a perseguir injusticias históricas.
Debería evitarse la actual formula sobre el reconocimiento mutuo de las fronteras existentes.. Sin embargo, otro riesgo parecido en este documento es uno que no aparece escrito: unirlo a Nagorno-Karabagh. Si bien no está escrito, esto es abiertamente declarado en cada oportunidad. Altos funcionarios de Turquía y de Azerbaiján repiten continuamente que Turquía continuará defendiendo los intereses de Azerbaiján y no se hará nada, no se abrirá la frontera hasta que el proceso de solución de Nagorno-Karabagh comience a moverse en dirección a lo que le conviene a Azerbaiján. De hecho, esperar que Turquía actúe sin considerar los intereses de Azerbaiján puede ser similar a esperar que Armenia actúe sin considerar los intereses de Karabagh. Esta no es ni fue una expectativa razonable. En caso de que el acuerdo se ratifique y que se haga antes de la próxima declaración de Obama del 24 de abril, para entonces Azerbaiján ya habrá recibido suficientes garantías sobre la restitución de los territorios y sobre el status de Nagorno-Karabagh. Estos son los elementos preocupantes .tanto en el contenido de estos documentos como en el rápido proceso que lo acompaña- que ponen dudas sobre la intención del protocolo. También deja en claro la disposición a bajar la barrera para alcanzar el acuerdo, a un costo cuestionable. Si esto implica desconfianza de nuestra parte, debería ser completamente comprensible. Para la parte armenia, quienes esbozaron este documento están insistiendo en que realmente significa algo distinto de lo que dice. Por otra parte, Turquía debe .refrenarse de alentar cualquier política incompatible con el espíritu de buenas relaciones de vecindad. Aunque se alinee con uno de sus vecinos, Azerbaiján, en contra de su otro vecino, Armenia.
En otras palabras, nada parece haber cambiado. Si la parte armenia se ha movido más despacio en las negociaciones armenio-turcas, es natural asumir que puede pasar lo mismo con las negociaciones armenio-azerbaijanas. Esta es la situación. El documento del que hablamos no es presentado por un tercer país, como los documentos históricos del pasado de los que Armenia fue sujeto y no parte. Hoy, por primera vez en su historia, es un documento que Armenia firma por sí misma. Este documento con estas fórmulas no debe ser firmado. De hecho, nadie está autorizado a firmar un documento con esas fórmulas.
Fuente: Semanario Sardarabad - 16/09/2009